SOLE CAJAS, Argentina:

¡Bendiciones queridos hermanos, les saludo con la paz del Señor!
Es un placer para mí poder compartir con ustedes algo de lo mucho que Dios ha aportado a mi vida, Su gran fidelidad me ha acompañado durante estos últimos 25 años. Estoy segura de que ÉL seguirá fiel también en los venideros.

A los 25 años de edad pude ser testigo de Su gracia en mi vida; ya fuera en los buenos momentos

o fuera en los no tan buenos como ante la enfermedad, vicio, soledad, amargura, hambre etc. En cada instante pude ver Su mano de poder .


Todo comenzó cuando yo era una niña de aproximadamente 6-7 años; cierto día jugando con unas primas, pasamos por un lugar donde en ese momento se estaba realizando una campaña evangelística la cual nos llamó mucho la atención, -ya que en ese lugar decían que los enfermos se sanaban, los ciegos veían, los paralíticos caminaban-, se trataba como de un lugar “mágico” para nosotras. Sin dudarlo corrimos en busca de mi tía la cual sufría de una enfermedad en sus huesos, para que también ocurriera un milagro en su vida. Mi tía aceptó ya que nosotras insistimos en ir. Ese fue el primer, pequeño e importante paso de Fe que di. Desde ese día mi tía no dejó de asistir. Al compartir esto con mis padres para nada estuvieron de acuerdo con esta decisión ya que su opinión consistía en que “todos los evangélicos son locos“ .

Pasado el tiempo, ya cuando yo tenía 12 años, a mi madre le detectaron cáncer en páncreas. El cáncer estaba avanzado y sólo pudo resistir unos meses. Eso fue un golpe muy duro para nuestra familia, uno de los pilares mas importantes de nuestra casa se había derrumbado. Aquel tiempo fue muy difícil para nosotros. Fue un desierto de meses, de largos meses, pero ahí estuvo Dios, nuestro Dios el cual nos sostuvo para no desesperar. Este momento en el cual padecimos la enfermedad de mi madre supuso el lazo que El Señor utilizó para traernos a todos a sus pies empezando por mi mamá y mi papá que fiel a mi madre estuvo firme a su lado y al igual que ella rendido a los pies de Jesucristo. Así también los demás parientes se acercaron a Dios buscando una respuesta al “por qué?” de todo esto. A pesar de todo, mi madre en todo momento alababa, oraba, y trataba de estar feliz siempre. Los dolores le invadían, iba perdiendo cabello y su peso ya no era el mismo. Ella estaba feliz en las manos de Dios alabando todos los días. Una de las canciones que recuerdo que le gustaba decía: “levantaré bandera hasta que me muera, la bandera de mi Cristo” así fue hasta su último momento en el que El Señor Jesús decidió llevarla.

Fue duro para nosotros los que quedamos aceptar que ella ya no estaría con nosotros. Mi padre se quedó con nosotros cuatro; mi hermana Carolina de 18 años, Fernando de 15, yo de 12 y Ana de 4 años. Fue duro volver a empezar pero hoy reconozco que sólo con la ayuda de Dios pudimos salir de ese pozo de amargura en el que estábamos. La vida fue difícil a partir de ese momento, nos sentíamos desorientados sin rumbo. Como dije antes; uno de los pilares de nuestro hogar desapareció. Pero allí estaba la Gracia y el Amor de nuestro Señor Jesús sosteniéndonos en todo momento, supliendo cada necesidad y llenando ese vacío que mi madre dejó al partir.

Posteriormente, por mucho tiempo estuvimos los hermanos y mi padre separados, ya que mi padre no tenia suficientes recursos para mantenernos a los cuatro. Mis hermanos Ana y Fernando se fueron con mi padre a vivir a otra provincia. Papá tomó esa decisión para buscar el bienestar de nosotros todos por lo cual le estoy muy agradecida. Hoy que soy grande entiendo ese valor de padre que él tuvo y tiene, nunca se mostró derrotado delante de nosotros al contrario siempre dándonos ánimo para salir adelante. Es algo que valoro y doy gracias a Dios por el padre que me dio

Fui creciendo y a los 16 años comencé a hacer cosas que no debía, como a tener mala junta, a emborracharme, a drogarme, a fumar y sucesivamente me alejé cada día más de Dios. Muchas veces en aquellos momentos sentí su llamada pero continué haciendo caso omiso. A esa edad ya no me importaba nada; salia y llegaba tarde, -mi padre preocupado me esperaba o salía a buscarme-, fue una época de total rebeldía.

Las cosas empezaron a empeorar aún más,en cuestión de unos años tuve siete accidentes de moto en los cuales tuve quemaduras de alto grado, los dos últimos fueron los más graves. Iba manejando una moto de gran cilindrada que no me pertenecía y era la primera vez que la conducía. Fui a tanta velocidad que no pude controlarla cuando otra moto con dos personas se me cruzó y me la llevé por delante. No disponía de casco ni ningún otro tipo de protección, al igual que mi acompañante. El impacto fue tan fuerte que salimos arrastrándonos por el asfalto caliente un 31 de diciembre del 2010 a las 15h. Fue entonces cuando me quemé la espalda entera y al caer golpeé contra el piso mi cabeza unas dos veces, debido a lo cual se hinchó de tal manera como nunca antes yo había visto. Fue el susto más grande que sufrí, pensé que no despertaría pero a penas caí me levanté a buscar a mi amigo. Él tenía todo su brazo ensangrentado y totalmente quemado.

Yo daba gracias a Dios en ese momento porque sólo ÉL pudo habernos salvado de semejante accidente. Llegaron la policía y la ambulancia y nos llevaron a mí y a las otras dos personas que iban en la otra moto. Uno de ellos era un niño de 14 años el cual también había sufrido quemaduras en su cuerpo a causa del calcinante asfalto. Me entró un terrible pánico preocupada por lo me dirían las personas que iban en la otra moto. Pero me albergó una tremenda paz cuando escuché orar al padre del niño que era quien conducía la moto contra la cual yo choqué. Le pregunté si también era cristiano y me respondió que sí que me quedara tranquila que no pasaba nada, que ya Dios nos había guardado de todo peligro y que por eso teníamos que estar agradecidos. Sentí una gran paz en mi corazón y un agradecimiento sin igual a mi Dios. En el hospital los médicos dijeron que mi vida no corría peligro. Todo gracias a Dios.

En otro de los accidentes sufrí una caída al reventarse la rueda trasera de mi moto. Fue un mes posterior al que mencioné anteriormente. También sucedió un día de mucho calor por lo que el asfalto alcanzó una gran temperatura. Gracias a Dios yo iba a una velocidad prudente pero fue instantáneo y al caerme de rodillas el asfalto me desgarró toda la piel de la pierna derecha. La quemadura fue de pronóstico muy serio. Los tejidos de la piel se destruyeron y el ardor que yo sentía era totalmente inexplicable. Estos accidentes supusieron un dolor inmenso para mi, física y espiritualmente. Sabía lo que la Palabra de Dios nos manda a hacer y a lo que realmente nos llamó El Señor Jesús y yo había preferido hacer las cosas a mi antojo buscando placeres en cosas banales de este mundo, alejándome así cada día más de Dios. Puse mi vida en continuo riesgo de muerte.

El Señor me llamaba a cada momento, de todas formas y le di la espalda. Ya no me resistí más y volví a Sus caminos. ÉL me atrajo con Su inmenso Amor, me recordó y me recuerda todos los días lo que ÉL hizo por mi, por Amor. Hoy me siento una deudora de todo lo que Dios ha hecho con mi vida y con la de mi familia, hoy estoy agradecida porque nuestro Dios no me desamparó, ÉL se mantuvo firme aunque yo le fallé muchas veces.

Hoy y siempre puedo dar la Gloria a Dios porque a pesar de esto y de mucho más que he pasado veo Su Fidelidad, Gracia y Amor hacia mi vida. Todas aquellas cosas que permitió que me pasaran fueron para que hoy por hoy pueda apreciar Su gran Amor hacia mi y mi familia y así poder darle la Gloria sólo a ÉL, el único Merecedor de nuestra honra. Hoy en día mi padre es pastor y tiene una radio cristiana. Yo y mis hermanos servimos al Señor Jesús en distintas áreas.

Amamos a nuestro Dios con todo nuestro corazón y aprendimos que separados de ÉL nada somos.

DIOS ES BUENO MI HERMANO!!! Deposita tu confianza en ÉL! Solamente ÉL nos muestra el camino. En ninguna cosa o persona vas a encontrar nunca el Amor que ÉL nos brinda, ni el gozo, ni esa Paz sobrenatural que llena completamente nuestro interior. ¡DIOS TE BENDIGA!

HOY DESCANSA MI CONFIANZA SÓLO EN ÉL. (Salmo 68:19)

Sole Cajas, Helsinki, septiembre 2014.